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Monthly Archives: November 2012

Antipasto y la Toscana parte II

ensalada con bufala y bresaola

Lo que más me gustó de la comida italiana fue su sencillez y su frescura. Seguro ya lo he dicho un montón de veces, pero no me canso de repetirlo. Hoy les traigo una ensalada muy sencilla con tres de los productos que más me gustaron por allá: la mozzarella di bufala, bresaola y arúgula. Le añadí aceite de oliva, una crema de vinagre balsámico con trufa y unas lascas de queso parmesano, aunque sólo con aceite de oliva es suficiente para disfrutar de un aperitivo (antipasto) espectacular, que también puede ser una cena ligera, acompañada de una sopita de lentejas o una pasta.
La mozzarella di bufala tiene un sabor mucho más fresco y suave que la regular y está hecha con la leche de los búfalos de agua. La bresaola es un plato hecho de lonchas finas de carne de ternera curada. Ninguno de los dos son típicos de la Toscana, pero yo no me cansaba de comerlos y los pedía en cualquier sitio por el que pasábamos. Además quería ponerles una receta sencilla para poder contarles del viaje.
Antes les conté un poco de la Toscana y pensé hacerlo en dos partes, pero cuando separaba las fotos para este post, decidí que mejor tres, pues tanto Siena como Florencia se merecen un post aparte.Hoy les comparto un poco de nuestro viaje a Siena. Y les advierto que lo que tienen que probar es un embutido llamado cinta sienese y una especie de turrón hecho de frutas y nueces llamado panforte.
panforte
El centro de Siena es la Piazza del Campo, alrededor de la cual ha girado la vida pública de la ciudad desde que se construyó en el 1100. En ella se celebran dos veces al año el famoso Palio, una carrera de caballos sin montura, tradición que se remonta a la Edad Media.
Piazza del Campo
En la plaza se encuentra el Palazzo Pubblico, este hermoso edificio que cuenta con una de las torres más altas de la ciudad, sede del ayuntamiento y del Museo Cívico.
Palazzo Pubblico
Dentro del museo no pueden perderse la “Alegoría del buen y mal gobierno”, un fresco de Lorenzetti que decora uno de sus salones.
No subimos a la torre, pero desde la terraza disfrutamos de esta magnífica vista de la ciudad.
Vista de Siena
El Duomo es de estilo gótico y fue construido en su mayor parte en el siglo XIII. El área que alberga el Museo Metropolitana, situado a un lado del edificio, iba a ser una de sus naves, pero con la peste de 1348 se suspendieron las obras que hubieran convertido a esta catedral en la más grande de la cristiandad.
Duomo de Siena
No dejen de detenerse a contemplar los paneles del suelo.
suelo del duomo de Siena
Y casi al salir, a la derecha, entren a ver la Biblioteca Piccolomini, con unos frescos de principios del siglo XVI y un techo maravilloso.
Biblioteca Piccolomini
Caminando por las calles de Siena, tuvimos la suerte de ver los contrade (barrios) adornados con sus símbolos y banderas.
Siena adornada
Al atardecer la gente empezó a pasar por nuestro lado con pañuelos amarrados al cuello o a la cintura, que indicaban su barrio de procedencia. Y es que tengo entendido que en esta ciudad se es primero ciudadano de su contrade que de Siena, Italia o el mundo. Se lo toman tan en serio, que todavía hoy es difícil que la gente se case con alguien de otro barrio. No me imagino como puede ser vivir así a estas alturas, pero sí lo bien que se la pasarán en estas fiestas. Si no, miren como iban llenando las plazas y calles con mesas y bancos para las sagras (venta de comida típica en la calle a muy buen precio).
Sagra
Sólo lamento haber pasado un día nada más es esta hermosa ciudad. Espero volver. Sobre todo para  sentarme en la Piazza del Campo a comerme un gelato di cioccolato fondente con mis amigos.
helado en Siena

Onigiri para grandes y chicos

Los onigiri son bolitas de arroz japonesas que pueden tener muchas formas, colores y rellenos. Se pueden comer a cualquier hora del día, incluyendo meriendas y desayunos. Cuando vamos a Japón no me canso de comerlas. Me encantan y además son una opción barata cuando andas en la calle, pues valen $1.50 aproximadamente y con dos tienes ya un almuerzo. Lo que cuesta es decidirse por una u otra. 
Se pueden rellenar con pollo, carne, pescado, umeboshi (ciruelas saladas en conserva), o simplemente mezclar el arroz con furikake (mezcla de semillas de sésamo con algas y/o pescado o marisco seco) y listo; una comida sana y completa en menos de media hora. 
Hace poco preparé unas muy sencillas. Si quieres aprender a hacerlas, pasa por Baby Center.

Tambor de plátano y libro de Mujerongas

Portada-MujerongasMe hace muchísima ilusión escribir este post para anunciar la buena nueva: ya está a la venta en Estados Unidos y EspañaMujerongas, de Grettel Singer. Vamos a celebrarlo con este tambor de plátano que he comido hecho por sus mismas mano.

Grettel nació en La Habana, Cuba, en 1973. A los 12 años abandonó la isla con su familia y luego de dos años en Venezuela, se instaló en Miami. Estudió Filosofía y Literatura en Florida International University. Además de editar el blog “Mujerongas“, colabora con diferentes revistas digitales. Reside actualmente en Nueva York, para pesar de sus amigos miamenses, que la extrañamos muchísimo a ella y a sus dos niñas.
Hoy les traigo un fragmento de uno de los relatos que componen su libro y está relacionado con la celebración del fin de año en la Cuba de nuestra infancia. También la receta del tambor de plátano, el plato favorito de Grettel, que pudimos disfrutar de su mano en el cookout de comida cubana; así como el trailer del libro, que no pueden dejar de disfrutar.
Chicas, atención, porque todas las piezas que componen este libro tienen como protagonista a la mujer, o más bien, cierta fascinación por la naturaleza femenina y sus diferentes matices. Chicos, bien les vendría entrar un poco en nuestro mundo a través de estas crónicas desprejuiciadas sobre cómo las mujeres afrontamos nuestro día a día.
Grettel Singer

Fragmento de “Tendida en el maizal”
La actividad nos llevaba el día entero y se preparaban por lo menos cien tamales en hoja. El olor del maíz tierno se esparcía a los cuatro vientos, y todo el barrio sabía a lo que nos dedicábamos. A cada rato pasaba alguien por la acera y dejaba correr el mismo grito con tono engolado de la persona anterior: guárdenme un tamalito. Así pues, entre los encargos anónimos, los pedidos oficiales y los que se hacían para los invitados de la fiesta, los tamales volaban en un abrir y cerrar de ojos.
El 31 de diciembre el guateque en casa comenzaba en cuanto se ponía el lechón bajo tierra, a primera hora de la mañana. Durante el día los invitados picaban algo y bebían sin descanso, nunca alejados del asado. Me parecía cruel ver arder al animalito —o animalote, porque a veces mi papá conseguía uno grande. Pero era parte de la tradición, y comer el pellejito tostado y chicloso y robarle el fondito a la cerveza de mi padre era la señal de que había llegado la hora de la cena. Además, agenciarnos cualquier tipo de carne en esa época era todo un lujo. La fiesta duraba hasta el día siguiente. La gente se quedaba a dormir en el piso y donde fuera. Tomábamos ron, digo, tomaban ron, aunque yo iba sorbiendo buchitos de cuanto vaso me encontraba en el camino. A las doce en punto le prendíamos fuego al muñecón de tela relleno de papel de periódicos, tirábamos un cubo de agua al medio de la calle, corríamos alrededor de la cuadra aferrados a una valija, nos pasábamos un huevo por el cuerpo y lo arrojábamos en el cruce más cercano, se subía la música y a bailar hasta la mañana siguiente.
Tambor de plátano de Grettel

Tambor de plátano
Preparar una libra de picadillo de manera tradicional (pueden usar esta receta) y poner a un lado.
Picar 8 o 9 plátanos macho, algunos pintones para que le de el punto dulzón. Trocear y hervir hasta que estén bien suaves. Escurrirlos, guardando una taza de agua hervida para hacer el puré de plátano. Calentar un cuarto de taza de crema o leche entera y echarla sobre los plátanos calientes junto con media taza del resto del agua hervida y dos o tres cucharadas de mantequilla. Agregar agua según lo necesite. Aplastar los plátanos hasta lograr un puré. Agregar sal y pimienta al gusto.
Colocar una repisa de dos centímetros de puré en un molde de horno de 9 x12, una de tres centímetros de picadillo y cubrir con una repisa de puré de plátano igual a la primera. Rociarlo con queso parmesano y cubrirlo con papel de aluminio. Ponerlo en el horno en 375 °F hasta que suban burbujas del líquido del picadillo (aproximadamente 30 minutos). Destapar y prender el broiler por 5 minutos. Agregarle más pimienta negra y cilantro bien picadito.