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Monthly Archives: November 2014

Kentucky Bourbon Bundt Cake

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No soy muy amante del bourbon whisky, prefiero el single malt, pero a veces me da por comprarlo y en este Kentucky Bourbon Bundt Cake el sabor que aporta es maravilloso. Ya lo he hecho tres veces y todo el que lo ha probado se ha enamorado del cake y me pide que lo repita. No es necesario usar el mejor bourbon del mercado. Lo he hecho con un par de esas botellitas de mini bar de un whisky que no conozco y ha quedado siempre divino.

El cake está hecho con buttermilk y es de una suavidad sin igual. La receta la he tomado del libro Vintage Cakes, que compré en HomeGoods hace ya como un año por si un día me decidía a confeccionar cakes en casa, algo que se me da más seguido y mejor desde que compré la KitchenAid, que tanto facilita la tarea.

El glaseado de bourbon whisky le da un toque espectacular. Con él se baña el cake todavía caliente y además se le pone por encima. Según cuenta el libro, esta receta fue confeccionada por Nell Lewis y la ganadora del Pillsbury Bake-Off Contest en Platte City, Missouri, en el año 1963.

Lo hice con antelación suficiente para participar en la recopilación de recetas del blog I love bundt cakes con motivo del #NationalBundtDay, pero al final he tenido que dejar el post para subirlo a última hora. No la he podido subir a tiempo porque he tenido unas semanas y fines de semana de trabajo intenso y anoche cuando llegué a casa ni mi cuerpo ni mi cabeza daba para más.

Te recomiendo muchísimo esta receta. Da para 12-13. Éxito garantizado.

Ten en cuenta que debes sacar del refri con antelación la mantequilla, los huevos y el buttermilk para que estén a temperatura ambiente en el momento en que comienzas la preparación del cake.

Ingredientes

3 tazas de harina de trigo
1 cdta de polvos para hornear
1/2 cdta de bicarbonato (baking soda)
1 cdta de sal
1 taza (2 barritas) de mantequilla sin sal
1 ½ tazas de azúcar blanca
½ taza (apretadita) de azúcar moreno
4 huevos a temperatura ambiente
1/4 de taza de bourbon whisky
1 taza de buttermilk a temperatura ambiente

Para el glaseado:
6 cdas (casi una barra) de mantequilla sin sal
3/4 de taza de azúcar blanco
1/4 de taza de bourbon whisky

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Preparación

Tamiza la harina con los polvos para hornear, el bicarbonato y la sal. Únelos batiendo con la mano.

Engrasa el molde y precalienta el horno a 350°F (180°C).

Ponle el batidor tipo paleta (paddle attachment) al KitchenAid y has una crema con la mantequilla y los azúcares, batiendo durante 5 minutos aproximadamente a velocidad media-alta. Detente un par de veces y pasa una espátula por las paredes del bowl para que se unan bien todos los ingredientes.

Incorpora los huevos de uno en uno, esperando a que se mezclen bien antes de adicionar el siguiente.

Mezcla con un batidor de mano o un tenedor el buttermilk con el bourbon.

Baja la velocidad del KitchenAid a casi el mínimo e incorpora la mezcla de harina en tres partes, alternando con la mezcla del buttermilk en dos partes, empezando y terminando con la harina y pasando la espátula por las paredes del bowl después de cada adición. Para de batir antes de que la última porción de harina se haya incorporado y termina de mezclar con la espátula, a mano.

Vierte la masa en el molde pre-engrasado y ponlo en una parrilla en medio del horno. La receta dice que hornear durante 40 a 45 minutos, pero me ha llevado 1 hora cada vez que lo he hecho. Y saben, cada horno es un mundo. Para comprobar que está listo, le das un empujoncito a la masa con los dedos y esta debe hundirse y regresar enseguida a su posición.

Cuando le falten como 15-20 minutos al cake en el horno, comienza a hacer el glaseado, uniendo los ingredientes en una cazuelita pequeña y cocinándolos a fuego medio hasta que la mantequilla esté bien derretida y el azúcar completamente disuelto. Remuévelo a cada rato mientras se hace.

Una vez listo el cake, coloca el molde sobre una parrilla y pínchalo casi hasta el fondo con un palillo para pinchos de carne. Échale tres partes del glaseado uniformemente y deja reposar el cake en el molde durante media hora.

Voltea el cake en un plato o bandeja y ponle por encima el resto del glaseado con una brochita. Es muy probable que se haya solidificado y tengas que calentarlo otra vez antes untarlo.

En el libro recomiendan servirlo con crema batida o crème fraîche y fresas. Delicioso.

Dura hasta una semana fuera del refrigerador y tapado. Mantiene su suavidad y su sabor perfectamente.

#nationalbundtday

Aquí les dejo la recopilación de recetas de bundt cakes.

Tarta de Calabaza, Shiitake y Ricotta #GladeHolidayMood

Este post ha sido patrocinado por #Collective Bias y su cliente, pero las opiniones y la receta son mías.

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En casa ya se respira el aroma de la Navidad. Estamos en #GladeHolidayMood. El arbolito está en la sala, pero como no es de verdad, fui a Publix a comprar las velas Glade® Winter Collection y el spray Sparkling Spruce™ con olor a pino y cedro, para darle al hogar los olores que cada año nos acompañan cuando disfrutamos con la familia y los amigos de nuestra estación favorita del año. Este diciembre vienen a visitarnos otra vez nuestros amigos uruguayos que viven en Japón y voy a prepararles esta tarta de calabaza, shiitake y Ricotta, que seguro les va a encantar y les recordará su adorada tarta Pascualina.

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Nos encanta tener visita en casa y casi todos los fines de semana nos reunimos con nuestros seres queridos, pero en Navidad casi cada noche inventamos alguna celebración. Uno se aparece con algo de picar, el otro con una botella de vino, otro con comida típica de su país. Es casi como las famosas posadas aunque no le demos ese nombre.

A mí me encanta preparar recetas con ingredientes frescos y de estación. Una de mis combinaciones favoritas es la de calabaza con hongos y salvia, que uso en cremas, purés, salteados y ahora se me ocurrió usar en esta tarta que se puede servir para una de estas reuniones o cualquier hora del día. Se las recomiendo especialmente para un brunch.

El olor de la salvia me fascina y siempre viene de la mano del olor a pino de la Navidad. Yo nunca se la había puesto a la comidas cuando vivía en Cuba y aprendí a usarla con una de mis primas al llegar a Estados Unidos. Fue la primera vez que celebré estas fiestas, pues en mi país estaban prohibidas cuando yo vivía allá. Jamás olvidaré lo rico que la pasamos ese año y desde entonces no hemos dejado de disfrutar de estas fiestas, con ganas dobles para recuperar el tiempo perdido.

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No se asusten con la larga lista de ingredientes, que es muy fácil de preparar esta receta. Y aprovechen el frío de este fin de semana (los que les toque) para hornear esta tarta y regar por la casa los olores de la estación.

Ingredientes:

1 caja de masa para tartas (pie crust) – trae 2 masas de 9 pulgadas
1 huevo
6-8 hojas de salvia fresca

Para el relleno:
2 tazas de calabaza cortada en cubos de 1 pulgada
Sal
2 cdas de aceite de oliva virgen extra
2 cdas de mantequilla
1 cebolla pequeña
½ taza de hongos Shiitake secos
1 huevo
1 taza de queso Ricotta
1 taza de queso Cedar rallado
100 ml de leche evaporada o nata líquida
1 cdta de salvia seca
1 pizca de pimienta
½ cdta orégano seco
Sal
Pimienta

Preparación

Precalienta el horno a 400°F (200°C).

Pela la calabaza y córtala en cubos de 1 pulgada. Rocíalas con el aceite de oliva y ponle un poquito de sal. Cubre una bandeja con papel aluminio y vierte la calabaza sobre este. Hornea durante 30 minutos.

Mientras tanto, pon los hongos secos en remojo en agua tibia en un cuenco y saca del refrigerador la masa para que se vaya descongelando.

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Una vez lista la calabaza, sácala del horno y deja que se enfríe.

Escurre bien los hongos y pícalos chiquiticos. Corta la cebolla también en pedazos chiquitos. Derrite la mantequilla en una sartén a fuego medio. Añade la cebolla y 3 minutos más tarde, los hongos. Sofríe unos 3-4 minutos.

Mezcla bien el huevo, los quesos Ricotta y Cedar, la leche evaporada, la salvia y el orégano secos. Salpimienta. Añade la cebolla y los Shiitake sofritos y mézclalo.

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Baja la temperatura del horno a 350°F (180°C).

En un molde para tartas, acomoda una de las masas de modo que cubra todo el fondo. Añade la mitad de la mezcla con los quesos, luego la calabaza y finalmente, la otra mitad de la mezcla con quesos. Cubre el molde con la otra masa y une los bordes de ambas. Si te sobra masa, recórtala.

Bate el huevo del principio de la lista de ingredientes y úsalo para pintar la tarta por encima con ayuda de una brocha. Con un cuchillo, haz algunas aberturas en la masa y adórnala con las hojas de salvia. Si no se pegan bien las hojas, usa un poco más de huevo batido.

preparar

Hornea 40 minutos en una parrilla en medio del horno. Una vez lista, deja que se refresque sobre una parrilla unos 10-15 minutos antes de servirla.
Queda con un sabor muy suave y delicado. Mi mordida favorita fue la que tenía la hoja de salvia.

Se puede servir tibia o a temperatura ambiente, sola o con ensalada, a la hora del brunch o para una comida ligera.

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Un día en Nápoles

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Hace un par de años visitamos varias ciudades del norte de Italia y me quedé con muchas ganas de volver, entre otras cosas por la comida; pero esta vez tenía pocos días de vacaciones y la gira sólo incluía 3 ciudades muy cercanas del sur: Nápoles, Amalfi y Sorrento. Hoy les contaré de mi estancia en la primera ciudad y luego les contaré del resto.

Cuando compré el pasaje tomé a Nápoles como punto de partida y de retorno solamente. Lo que quería era recorrer la Costa Amalfitana, pues necesitaba estar en lugares en los que pudiera relajarme y siempre había escuchado que esta ciudad era un poco loca. Luego, a medida que leía la guía de la región pensé que me había equivocado, pues hay tanta historia y tanto que ver allí.

Cuenta la leyenda, que la ciudad se levantó en el sitio al que el mar arrojó la sirena Parténope, desdeñada por Ulises y que la ciudad pudo ser fundada en el año X a.C. Lo que sí está comprobado, es que los griegos construyeron cerca una ciudad a la que nombraron Neápolis (ciudad nueva) que se convirtió en gran centro comercial. Luego vinieron los romanos, nos normandos y finalmente los españoles, hasta 1860 que se produjo la Unificación de Italia.

Llegamos a Nápoles una noche lluviosa y subimos al taxi que nos llevaría del aeropuerto al hotel sin preguntar cuánto nos costaría. Error. Había leído que costaba entre 12 y 24 euros y el taxista nos cobró 30, 25 por el viaje y 5 por las maletas. Nos enteramos demasiado tarde como para bajarnos del auto en medio de la lluvia.

Nuestro hotel, el Decumani Hotel de Charme, había sido el palacio del último cardenal del tiempo de los Borbones. Un edificio imponente con patio interior, un poco en mal estado que me recordó enseguida un solar habanero pero con olor rico a comida saliendo por todas las ventanas. Sin embargo, el segundo piso, que era el que ocupaba el hotel se conservaba muy bien. Las habitaciones eran amplias, limpias y decoradas con muebles antiguos.

La señora que nos recibió nos recomendó dos restaurantes cercanos para la cena, La Taverna dell’ Arte y Osteria La Chitarra. Nos decidimos por el primero y el segundo lo dejamos para la noche que pasaríamos en la ciudad antes de regresar a Miami, pues nos quedaríamos en el mismo hotel.

La comida de La Taverna fue fabulosa, compartí con mi esposo un antipasto que incluía berenjenas y calabacines al grill y salteados respectivamente, cuadritos de polenta frita y croqueta de papas. Las croquetas hechas de este modo son típicas de esta zona, yo no tenía idea. También compartimos una pasta con fungi porcini y un bacalao a la brasa que demoró muchísimo pero disfrutamos una barbaridad. El vino de la casa estaba delicioso y nos atendieron muy bien. No tengo fotos de esta comida porque había muy poca luz y nosotros teníamos mucha hambre.

Después de un desayuno muy bien surtido a la mañana siguiente, en un salón majestuoso del hotel, nos dirigimos al Convento de Santa Chiara (Santa Clara) y a la iglesia homónima que quedaba al lado. La primera piedra del convento fue colocada por Roberto de Anjou y en la iglesia yace su cuerpo y los de sus familiares allegados. Mi parte preferida fue pasear por el claustro azulejado y sus jardines.

santa clara convento

De ahí salimos a caminar por Spaccanapoli, el centro antiguo. Ya iba levantando el día y la calle se llenaba cada vez más de gente y de motocicletas, pero hay calles peatonales que resultaron ser un alivio, como lo fueron todas las iglesias y restaurantes a los que entramos. Constantemente zumbaban las Vespa pasando por nuestro lado y en todas partes había leído que había que asegurar bien la cartera o salir sin una.

tumbas

Visitamos la iglesia San Domenico Maggiore, en la que se encuentran las tumbas de los jerarcas y dignatarios de la corte de Aragón. Los féretros están en un balcón de una de las capillas y sobre ellos se pueden ver las coronas. Allí también está enterrado el primer obispo de New York.

sotteranea

Entramos a ver la ciudad soterrada, que no es lo mismo que la ciudad Sotterranea (subterránea) y están muy cerca una de la otra. La soterrada es parte del Complesso Monumentale di San Lorenzo Maggiore. Debajo de la iglesia del mismo nombre se pueden visitar las ruinas de lo que una vez fue el agorà, centro vital de la ciudad, que luego se convertiría en el foro romano, con lo que una vez fueron dulcerías, tiendas de vino, lavanderías y almacenes. Impresionante.

ruinas

Nos quedamos sin ver la segunda, que es donde se encuentra el acueducto, porque ya teníamos hambre y quería almorzar en L’antica Pizzería de Michele, que es el sitio al que va a comer Elizabeth Gilbert cuando visita la ciudad, según cuenta en sus memorias, Come, reza, ama. Imposible. La cola en la pizzería era digna de un restaurante habanero en mis tiempos de universidad, con espera de tres horas, tickets y un gran bullicio al frente. Y después dicen que la gente no lee. Consuelo no faltó por ese lado.

pizzeria michele

Vimos cerca otra pizzería llamada Trianon y hacia allá nos dirigimos. Había sido fundada en 1923 y es un lugar muy acogedor, de dos pisos, con horno de leña, gente amable y pizzas divinas con un menú amplísimo para escoger los ingredientes. Pedimos la clásica Margherita y una de 7 quesos que estaba de muerte. Acompañamos con Nastroazurro y quedamos requetesatisfechos y encantados.

Trianon

Para bajar el almuerzo decidimos caminar hasta la costa. Salimos a la zona del puerto y no encontramos una calle que llevara al mar. De regreso pasamos por un mercado callejero en el que lo mismo vendían frutas que pescado, zapatos, juguetes, flores y hasta cigarrillos al estilo de Sofía Loren en Ayer, hoy y mañana. Una zona un poco sucia y descuidada que se encuentra en una calle paralela a la estación de trenes Napoli Centrale. De regreso nos perdimos y fuimos a parar a un barrio que nos asustó un poco, pero finalmente salimos a una de las calles que bordean Spaccanapoli y nos encaminamos al Duomo a ver la sangre licuada de San Genaro, patrón de Nápoles.

cigarros

No pudimos ver la sangre por ningún lado pero sí su tumba y una capilla impresionante. Al salir nos colamos en una cafetería de nombre religioso más que nada para usar el baño y luego nos animamos a pedir café y los dulces típicos: Sfogliattela y Baba, que no pueden dejar de probar si visitan la ciudad. Vale decir que ni el café ni los postres valían igual si los tomabas en la barra a si te sentabas y la verdad que me pareció bastante caro el sitio. Luego en Sorrento volvería a probar estos dulces por menos dinero y mucho más sabrosos. Aunque estoy segura que en Nápoles habrá otros sitios donde los hacen de rechupete.

cafe

Atravesamos nuevamente el centro para ir hasta la Via Toledo, llena de comercios modernos que nunca me alegré tanto de ver, para ser sincera. Casi al final de la calle entramos en la Galleria Umberto I, que se encontraba en reparaciones, con la mayoría de los sitios clausurados, pero pudimos apreciar su bella cúpula de hierro. Seguimos camino al mar, pasando por el histórico Caffé Gambrinus, por el que pasaron Maupassant y Oscar Wilde, que es precioso, pero no teníamos hambre en ese momento y sólo chismeamos.

Caffe Gambrinus

Ya era de noche cuando llegamos a la Piazza Plebiscito, un sitio que me imaginé estaría animadísimo, pero no había un alma por todo aquello. Frente estaba el Palacio Real, construido para una visita de Felipe III que jamás tuvo lugar. Estaba cerrado.

Piazza Plebiscito

En ese momento no me di cuenta cuan cerca andábamos de Castel Nuovo. Me hubiera gustado pasar a ver el arco de triunfo. También vi luego que había pasado por el Teatro San Carlo, en el que cantaron Rossini y Carusso y ni me enteré. Ya estaba un poco cansada y no lograba relajarme paseando por Nápoles, lo confieso. Hacía mucho que no tomaba vacaciones y definitivamente necesitaba un sitio tranquilo para pasar estas. No dejé de caminar por la ciudad pero todo el tiempo andaba alerta.

Sin hambre todavía, tomamos el mismo camino de regreso al hotel, con parada en un bar para tomarnos unas cervezas y sentarnos un rato. Al llegar a nuestra habitación caímos rendidos y a la mañana siguiente, después de otro desayuno divino, comenzamos a averiguar cómo irnos a Amalfi. Nos ayudó una chica estrella de la recepción que hasta nos llamó el taxi. No sin antes advertirnos bien cuánto debía cobrarnos. No más. En ese momento me sentí en México.

Dejé de ver muchísimas cosas en Nápoles, lo sé, más no creo que regresaré. Cuando volvíamos de Sorrento estaba un poco renuente a pasar las horas que me quedaban en Italia allí.
Lo peor de todo son los grafitis por todas partes y ese sabor a lo peor de La Habana Vieja, aunque no puedo negar que se me endulzaba el corazón viendo a las viejitas caminar en bata de casa y chancletas con su bolsita de mandados por la calle. Es una ciudad que me cautiva pero de lejos.

viejita