Header

Blog Archives

“Si es Goya tiene que ser bueno”

Con mis abuelos y mi madre en mi cocina hace unos años

La frase que da título al post de hoy era una de las señales de que había que bajarle el volumen al radio en casa de mi abuelita cuando yo era chiquita. Los lectores cubanos se imaginarán enseguida que era porque teníamos sintonizada alguna emisora prohibida en la isla. A los demás les cuento que en Cuba no había publicidad de ningún tipo en la radio ni en la tele y no se podían oir emisoras extranjeras; así que si tu vecino escuchaba un anuncio cualquiera proveniente de tu casa, era obvio que se trataba de la radio “enemiga” y podía delatarte por estar en contra del gobierno. Suena absurdo, lo sé, como todas las historias de las dictaduras. Y hablo en pasado no porque las cosas han cambiado en mi país, sino porque son anécdotas de mi niñez. Estas estaciones nos permitían imaginar un mundo más allá de nuestras playas y comida tan rica como la de Goya.

Cuando mis abuelos vinieron a visitarme hace unos años, disfrutaban bastante eligiendo la comida que comprábamos en casa y reconociendo las marcas de antaño. Yo misma, al llegar a Estados Unidos comencé a encontrarme en el supermercado con las marcas que anunciaban en aquellas estaciones de radio “subversivas” y quise probarlas enseguida. Entre ellas Goya, que hasta hoy sigue siendo una de las favoritas en casa, una marca en la que confío y usamos casi a diario. Me ha hecho muy feliz que ellos fueran mis patrocinadores en #Latism13 y les agradezco muchísimo su gentileza y su tiempo.

goya_miplato_libro

Si hay alguien por aquí que todavía no conoce a Goya, les cuento que fue fundada en 1936 y es la compañía más grande en norteamérica cuyos dueños son hispanos. Se especializan en alimentos y especias que combinan los ingredientes de las comunidades hispanas alrededor del mundo, con más de 2,200 productos diferentes distribuidos en el Caribe, México y Sudamérica. Pueden conocer más sobre ellos en su web, Goya.comsu página Facebook o su Twitter.

El primer día de la conferencia nos reunimos con parte de su equipo de Relaciones Públicas y nos contaron sobre un proyecto que estoy encantada de compartir con ustedes, Mi plato, en colaboración con la Primera Dama de Estados Unidos, Michelle Obama y USDA (el Departamento de Agricultura), encaminado a ayudar a la comunidad a comer más sano .

 goya_nutrientes

Cocina latina. Saludable, rica y económica es un proyecto bilingüe con 30 recetas saludables y fáciles de preparar de Latinoamérica y España (algunas con un toque americano) que incorporan los cinco grupos básicos de alimentos necesarios en una dieta balanceada; que incluye frutas, vegetales, granos, proteínas y lácteos. Entre las recetas se encuentran arroz con frijoles negros, pollo a la veracruzana, ensalada de quinoa, arepas, flan de calabaza, pizza vegetariana, quesadillas y muchas otras delicias. Cada una viene acompañada de su información nutricional, tips de cocina y costo estimado del plato. Pueden bajar el libro de recetas en español aquí y en inglés aquí.

Gracias una vez más a Goya por los sueños cumplidos, por hacer deliciosa la comida de nuestras familias y por la ayuda que brindan a nuestra comunidad con proyectos como este.

Top bloguera en Nueva York #latism13

LlegandoaNY_VeronicaCevera

El martes 17 de septiembre llegué a Nueva York. En el aeropuerto JFK me encontré con Daily Baez (Daily Curlz), Maura Hernández (The Other Side of the Tortilla), Melissa Bailey (Hungry Food Love) y  Kathy Cano-Murillo (Crafty Chica); y abordamos un taxi juntas hasta el Waldorf Astoria. Había estado hace unos años en ese hotel, pero sólo en la planta baja para ver una exposición de pintura. Luego regresé con mi esposo en el  2011 porque fuimos a cenar a The National y caminamos por los alrededores y el lobby mientras se nos pasaba la comida. Es precioso. Les recomiendo visitarlo aunque sea de ese modo.

pulpo a la parrilla_thenarional_veronicacervera

Ya en el hotel me encontré con mi colega de cocina en Baby Center, Pilar Hernández (En mi cocina hoy) y nos fuimos a comer a The National porque me había encantado la vez anterior y está justo frente al hotel. Su propieario es es uno de los Iron Chefs del Food Network, Geoffrey Zakarian. Volví a pedir de entrada un plato que me había encantado cuando fui con mi esposo: pulpo a la parrilla servido con chorizo, hinojo, frijoles cannellini y piperrada. De segundo me pedí un filete de bacalao servido sobre arroz rojo que también estaba delicioso.

ConLeonardoRocco_DianaRodrieguez

El miércoles temprano comenzó la primera jornada de #topblogueras. En el desayuno, patrocinado por Suave, conocimos a Leonardo Rocco, el estilista de las estrellas, que más tarde nos trataría a todas como reinas, retocándonos el peinado junto a su equipo. Luego nos presentamos todas y hablamos sobre nuestro blog y nuestros sueños. Fue un placer reencontrarme con muchas colegas y conocer por fin a otras con quienes me comunico todo el tiempo en las redes sociales. El resto de la mañana la pasamos en conferencias de coaching de diferentes temas.

FundacionFord_VeronicaCervera

Después de almuerzo caminamos hasta la Fundación Ford para reunirnos con varios funcionarios de la ONU; Ana María Currea, del programa de pequeñas becas (GEF), Chantal Line Carpentier, de la Oficina de Desarrollo Sostenible y Aaron Sherinian, vice-presidente de  Comunicaciones y Relaciones Públicas de la Fundación para las Naciones Unidas. Ellos nos contaron de las acciones que lleva a cabo la ONU a pequeña y gran escala para ayudar tanto a minorías en cualquier lugar del mundo, como a desarrollar proyectos globales relacionados con el medio ambiente y la sociedad. Sherinian nos contó sobre el hashtag #2030NOW como herramienta para reclamar en el ciberespacio lo que deseamos ver materializado en el futuro del planeta. En ese mismo momento muchas blogueras comenzamos a usarlo, pues el 18 de septiembre comenzaba una nueva sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas . Parte  de este evento sería la tercera conferencia de Social Good Summit organizada por la Fundación de Naciones Unidas y Masahble, que discutiría cómo las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden ayudar a resolver los problemas de la población y crear un futuro mejor. Los invito unir su voz a #2013NOW y a pedir bajo ese hashtag la aprobación de la Reforma Migratoria en Estados Unidos.

ONU_NY_VeronicaCervera

De ahí nos fuimos al edificio de la ONU. Primero visitamos la sala de reuniones del Consejo Económico y Social (Economic and Social Council), donde se discuten temas para mejorar los estandares de vida de la población. Esta sala fue financiada por Suecia y su techo está construido sólo parcialmente, como símbolo de que siempre habrá algo que hacer para mejorar nuestras sociedades. Le seguía la sala donde se reune el Consejo de Administración Fiduciaria (Trusteeship Council), en receso desde 1994 y donada por Dinamarca, que cuenta con una estatua bellísima que simboliza la libertad. Finalmente visitamos la sala en la que se reune el Consejo de Seguridad (Security Counsil) que fue la que más me impresionó. Mantener la paz en el mundo no es tarea fácil y de pensar en todo lo que se ha discutido y falta por discutir allí se me estujaba el corazón.

EnlaONU_VeronicaCervera

El jueves en la mañana seguimos con las charlas de coaching y en la tarde fuimos a Flushing Meadows, donde se juega el U.S. Open, para celebrar junto a un grupo de niños el primer torneo de tenis de Latism. Lamentablemente, los chicos no pudieron llegar y nos regresamos al hotel para comenzar a organizarnos en vistas a la conferencia de Latism 2013, de la que les contaré en otro post y cuya fiesta de bienvenida se celebró esa noche.

Ha sido una experiencia inolvidable. El encuentro con Pilar fue más bien un reencuentro, pues me parecía que la conocía de toda la vida y cada historia que nos contábamos era como decirle que había pasado en el tiempo que dejamos de vernos. También tuve el placer de conocer a mi compañera de Viernes de recetas económicas, Diana Rodríguez (Entre compras y el hogar) y de darnos una escapadita a tomar margaritas juntas con Daily Baez. Lo mejor de todo es el calor de ellas y de todas las maravillosas mujeres que forman el grupo de Top Blogueras.

Topblogueras_ONU-Yolandamachado

Foto cortesía de Yolanda Machado.

Gracias a nuestros auspiciadores (Consumer Report, Jhonson & Jhonson, Google, Goya, Toyota, Univisión, entre otros) por su apoyo; y a Latism (en especial a Ana Roca Castro) por acogernos y confiar en nosotras.

En barco hacia Estados Unidos

veronica cervera nueva york

El pasado 8 de septiembre cumplía 19 años de llegar a Estados Unidos y me levanté dispuesta a preparar una comida en casa para celebrarlo en familia.

Mientras tomaba el café, me puse a revisar mi correo electrónico y me topé con un mensaje que me hizo dudar por un momento si estaba despierta. Había sido seleccionada como Top Bloguera por LATISM2013 y viajaría a Nueva York para encontrarme con valiosas colegas y juntas ir a una jornada de trabajo de casi dos días a la ONU. Allí cubriremos temas tan importantes como educación, salud, negocios, igualdad de género y tecnología al alcance de todos.

De más está decirles lo feliz y lo honrada que me siento de poder representar un poco a Cuba y un poco a la comunidad latina de Estados Unidos en este evento.

Uno de los temas que nos ocupará es el de la inmigración y un par de días después asistiré a una marcha para apoyar la Reforma Migratoria, pues quisiera que todos los que llegan a este gran país pudieran tener la misma oportunidad que he tenido yo.

Hoy voy camino a Nueva York, segura de que viviré una de las más hermosas experiencias de mi vida después de guardar el secreto durante más de una semana. Tampoco podía contarle a nadie en Cuba mis planes de abandonar el país en un barco como sucedió…

Día 1: 5 de septiembre de 1994

Desperté en un catre en casa de mi abuela en Remedios, con tremenda resaca. Me bañé, me puse la ropa y los zapatos del día anterior. Fui a casa de mi madre. Me puse un biquini y metí en la mochila un pantalón de esos de hacer ejercicios, una enguatada, un libro que estaba leyendo hacía días y una caja de cigarros. Ella me hizo un disco volador de queso y leche con mermelada de guayaba. Desayuné y le di un beso, como si fuera a la esquina, pero le dije que iba a ver si me iba del país, aunque a lo mejor regresaba en un ratico. Lo había intentado ya unas cuantas veces.

El domingo habíamos estado jugando dominó y tomando ron en casa de unos vecinos. Un matrimonio llegó a ofrecernos un barco. Era como la cuarta vez que intentaban hacerse al mar. Cada vez que trataban, se les llenaba el bote de gente que nada tenía que ver con el viaje y un barquito de treinta y siete pies no aguantaba mucho.

Este lunes tampoco fue diferente. Cuando llegamos a la base pesquera de Caibarién, medio pueblo estaba ahí. El barco estaba a unos ciento cincuenta pies de la orilla y los que ya estaban dentro empuñaban palos y machetes para impedir que se subiera gente que no estaba en “el viaje”.

En ese momento se podía ir el que quisiera, pues ya lo había autorizado el dueño de la Isla -a raíz del Maleconazo.

Los guardafronteras preguntaron quiénes eran los que se iban y nos pidieron el carné de identidad. Algunos se lo dieron. Yo lo tenía en la mochila pero les dije que no lo había traído, que en el país al que iba no te lo pedían cada dos por tres.

Una señora mayor gritaba, “por favor, llévense a mi hijo”.

Uno de mis vecinos se metió al agua y fue hasta el barco a ver que hacíamos. Regresó y dijo que teníamos que subirnos debajo del puente del pedraplén que iba a Cayo Santa María. Ahí ya estaban las mujeres con niños, pues después del hundimiento del “13 de marzo” no permitían que subieras a un bote o una balsa con menores.

Nos alejamos de la base en grupo. Medio pueblo nos seguía en bloque. Doblamos a la derecha y todos lo hicieron. A la izquierda y también. Así muchas cuadras. Los seguidores disminuían por tramos. De pronto apareció el carro del padre de uno de los que estaba en “el viaje”. Era de los años cincuenta, aunque no sabría decirles de qué marca.

Nosotros éramos como veinte y nos metimos todos al coche que, de pronto, ya no se podía mover.

Al final nos dividimos en dos grupos. Todo eso sucedió en minutos.

El primer grupo salió de la ciudad tomando la carretera que va hacia Yaguajay. Yo iba ahí. Nos siguieron unos cuantos en bicicleta hasta que logramos dejarlos atrás.

Llegamos al puente del pedraplén y bajamos a reunirnos con las madres y los niños. El carro se fue y regresó al rato con el resto del grupo. En ese mismo momento llegaba el barco, que trató de pegarse a la orilla artificial y el techo chocó con el puente. Pero subimos todos, rapidísimo. De pronto la tierra se alejaba y yo miraba unas palmas mientras pensaba si algún día volvería, si este viaje nos llevaría a nuestro destino, si regresaría en unas horas –como le había dicho a mi madre-, o si terminaría unos meses en Guantánamo. Ya en ese entonces para tratar de parar el éxodo masivo, Clinton había decidido que a los balseros los llevaran para allá.

El señor que conducía el barco tenía casi setenta años y había sido pescador desde los nueve. Conocía cada cayito del norte de Caibarién y se metió entre ellos hasta detenerse en una ensenadita, donde esperaríamos el anochecer.

Comimos algo. Jugamos dominó. Hicimos café. Algunos hasta nos bañamos en el mar.

Llegó la noche y nos subimos al barco casi sin ver.

Seguimos alejándonos de Cuba hasta estar rodeados de un mar que parecía infinito. Nunca he visto un cielo tan lleno de estrellas.

Por ahí hay unas corrientes que no recuerdo cómo se llaman; pero sí que nos hacía sentir que el barquito cabalgaba sobre las olas. Íbamos bastante callados y empezamos a acomodarnos para turnarnos y dormir un poco. No era fácil, pues sumábamos treinta y ocho. Treinta y dos adultos y seis niños.

Día 2: 6 de septiembre de 1994

Empezaba a amanecer cuando pasamos entre Cayo Sal y Cayo Anguila. Eso quería decir que ya habíamos salido de las aguas territoriales cubanas y que por primera vez era libre. No sabía nadar, pero qué importaba si el sol era una bola naranja sobre el horizonte, y yo tenía la tranquilidad de haber salido del infierno.

Celebramos el evento como podíamos en medio del mar, con un cigarro, un abrazo, una sonrisa y dándole las gracias a los santos de nuestras estampitas.

De pronto vimos algo parecido a un corral lleno de gente flotando en el mar. Remaban demasiado rápido hacia nosotros y alguien gritó que le metieran toda la velocidad al motor, mientras otro explicaba que seguro eran balseros piratas. Fueran piratas o no, nuestro barco no aguantaba las quince o veinte personas que navegaban en aquella balsa.

Seguimos navegando hacia el nordeste, tratando de alejarnos de la zona dónde pensábamos navegaban más guardafronteras norteamericanos a la búsqueda de balseros que serían rescatados y conducidos a Guantánamo.

Alrededor del mediodía ya al Gato -que era como le decían al señor mayor que conducía el bote- le parecía que habíamos ido demasiado hacia el Atlántico. Así que se sentó en la baranda, un pie en el mar y otro en el timón, y cambió el rumbo hacia el oeste.

Yo traté de tomarlo con calma. Me quité la blusa para quedarme con la parte de arriba del biquini y me senté con mis primas a fumar en la parte de atrás del barco. ¿Y si habíamos gastado demasiado combustible?

Serían como las tres de la tarde cuando empezamos a navegar paralelos al sur de una cadena de cayitos que eran puro diente de perro. Estaban muy pegados entre ellos y era casi imposible atravesarlos y seguir hacia el norte sin llegar hasta el extremo oeste de las rocas. El agua era de un verde-azul precioso y tan transparente que se veían los pliegues de las rocas en la sumergida. Un paisaje aterrador y hermoso.

Como a las cuatro amarramos el bote a una roca, en la entrada de una ensenada al sur de uno de los cayos más grandes. Los hombres se pusieron a recorrerlo y regresaron con los restos de una nevera que tenía agua de lluvia acumulada. Las mujeres se pusieron a cocinar, los muchachos a bañarnos en la playa y los que conducían el barco a escuchar las noticias en un radio portátil.

En la radio advirtieron que la probabilidad de tormenta para el Estrecho de la Florida era alta. No quedaba mucho de sol y atravesar entre los cayos para cortar camino era un riesgo que no podíamos tomar. No había mucha profundidad y las probabilidades de encallar eran también altas. Decidimos quedarnos a dormir en el cayo.

Oscureció y algunos nos acomodamos como pudimos entre las rocas. Un grupo hizo una fogata que me hacía pensar demasiado en Guantánamo. Otros se fueron al barco.

Empezó a caer tremendo aguacero y fuimos más en el barco. El mar se fue picando más y más. En una de esas, el bote se zafó de donde lo habían amarrado y empezó a dar golpes contra las rocas. Una de mis primas se quería tirar al mar. Yo le decía que yo iba a esperar, al fin y al cabo no sabía nadar. Que fuera lo que fuera.

Casualmente, ella había ido al camarote a orinar en un tibor que hacía de inodoro y, al salir, había chocado con un cuadro de la Virgen de la Caridad que colgaba de la puerta. En vez de ponerlo en su lugar, lo había colocado sobre el motor. Vi el cuadro moviéndose, miré al cielo y todo estaba negro, de pronto rojo, naranja, amarillo. Empezaba a amanecer y no sabía qué tiempo habíamos estado dando tumbos ni cómo habían logrado amarrar el bote otra vez a las rocas. Pensé en las personas que habíamos visto navegando en aquella especie de corral. Sólo un milagro podía haberlos salvado.

Día 3: 7 de septiembre de 1994

Como a las diez de la mañana seguía nublado el cielo y encrespado el mar. Se pusieron a cocinar un arroz con jaiba para los mayores y una sopa con cuadritos de sazón de pollo para los niños. Hicieron café. Otra vez jugamos dominó. Salió un poco el sol y caminamos a ver si había algún árbol para protegernos, pero los arbustos eran muy bajitos.

Yo pensaba en esas películas en las que la gente se queda en una isla y las cosas se les van acabando. No veía la hora de salir de ahí. Por suerte la estadía no duró mucho más y como a las cuatro empezamos a recoger, cantamos el himno nacional –creo que fue idea de mi padre- y nos subimos al yatecito.

Yo dormí bastante, pero recuerdo que a cada rato despertaba y veía barcos inmensos pasando a nuestro lado y a algunos de los hombres haciéndole señales de fuego desde la proa con un palo al que le enrollaron ropa en la punta y le untaron un poco de petróleo. En una de esas vi luces. Pregunté y me dijeron que era Cayo Hueso. Pregunté la hora y eran las dos de la mañana.

Cuando desperté otra vez las luces seguían en el mismo sitio. Me dijeron que teníamos mar de leva, o lo que era lo mismo, la corriente del Golfo estaba encaprichada en no dejarnos avanzar. Por eso habían estado haciéndole señales a los barcos que nos pasaban cerca. Temían que no alcanzara el combustible. De pronto se apagó el motor. Eso tampoco sé cuánto duró. Dice mi padre que fue como una hora. Yo creo que con la corriente aquella, si hubiese durante tanto tiempo, hubiésemos terminado en Cancún.

Día 4: 8 de septiembre de 1994

Otro amanecer. Esta vez la tierra sí estaba cerca. Pregunté si era Cayo Hueso y El Gato dijo que no, que era Cayo Maratón, que ahí vivían sus hijos.

Nos empezaron a pasar por el lado yates lindísimos y con gente limpia a bordo. Todos nos saludaban y algunos preguntaban algo que era un poco obvio por la pinta que traíamos… Cubans? Cubanos?

A las ocho y media amarramos el barco a un muellecito chiquito, a la orilla de un condominio. Varias personas nos miraban y nos saludaban desde los balcones.

Alguien se acercó y nos dijo que no bajáramos hasta que no llegaran los guardafronteras, que ya les habían avisado. Otra vez el miedo a la base de Guantánamo. Demasiado alboroto, demasiada alegría haber llegado por fin, unos trepaban al techo, otros caminaban hasta la proa. Yo me senté en la baranda de atrás del barco y no decía ni una palabra. Miraba alrededor. Había muchas banderas norteamericanas de todos los tamaños. Estaba viva.

De pronto traqueteó el techo. Miré hacia adelante y vi que se partía. Me tiré al piso. Muchos cayeron al mar y otro se tiraron a sacarlos. Yo me quedé ayudando a una prima mía a la que el techo al caer le había golpeado en la espalda.

Después de eso empezamos a bajar a tierra. Enseguida vino un helicóptero y se llevó a mi prima, que se había fracturado vértebras de la columna. Los vecinos nos dieron leche, refrescos, agua, pan, muffins. En medio del desayuno llegaron los guardafronteras y uno alto que parecía el jefe nos dijo: “Bienvenidos a tierras de libertad”. Me puse a llorar.